Esa
mañana agarró el susodicho carrito y, como si de un fantasma se tratara, se
desplazó inconsciente solo a las tres estanterías que necesitaba. Eso sí, antes
cruzó por el lugar común de un pasillo de supermercado atestado en sábado: el
del corredor en el que un padre vestido deportivamente, sostiene a su bebé orgulloso, ufano, reclamando
la mirada de los que compran como autómatas.
Lo miró y el bebé le devolvió
una sonrisa pura e inocente que respondía a la misma vacía, insustancial y
triste –sí que hay sonrisas tristes-. Y se removió, se agitó, sintió la
punzada, vieja conocida, que le avisaba insolente y dura “Eso no lo tienes, já, ¿tú qué te habías creído, tonta, imbécil, crédula? ¿De verdad creías que ibas a
lograrlo con él? ¿Pero en qué mundo vives? Muy estúpida has de ser y has sido si creías que tus proyectos iban a tener reflejo en el mundo real y físico.
Esos no. ¡Hala!, a apechugar, a luchar, a tirar de tu carrito casi vacío y
recuerda que en él no cabe un bebé”.
Ahora, tampoco cabía en ella. Se marchó
con la angustia como artículo estrella.
¡Hola! ¿Que te parece si te pasas por aquí? elmatatiempos98.wordpress.com
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